Por la redacción de Altorreal Daily ⛳️
Si por Altorreal ves a un caballero que parece que acaba de atracar el velero en Águilas tras una ruta de la gamba roja por Garrucha, ni lo dudes: es Paco Lizarán.
Este lorquino de pura cepa es un disfrutón de manual, pero no te confundas, que detrás de esa elegancia hay un hambre de bandera que te remonta la partida cuando ya te veías firmando la tarjeta con el purito en la mano.
INGENIERÍA FINANCIERA EN EL GREEN
Paco llegó al golf por descarte, pero se ha quedao más enganchao que un recibo del IBI. Dice que su cilindrada no le da para tirar largo, pero el jambo te juega más recto que un caballo del Paso Blanco entrando en la Carrera.
Y ojo al dato, que es más peligroso que un descubierto en la cuenta: es súper competitivo y no suelta la presa hasta que el último hoyo dice basta.
Cuando tú ya estás celebrando la victoria, él se saca su teoría de que ante las adversidades se crece y te remonta el partido en el 18 mientras te mira con cara de:
—«¿A dónde ibas tú, salta acequias?»
SU FRASE MÍTICA: ¡ME LA CRUJAS!
Pero donde Paco saca el látigo de verdad es con la pillería.
Como intentes hacer ingeniería financiera con la tarjeta, te muevas en su backswing o —¡pecado mortal!— le pises la línea del putt, te suelta su frase mítica:
—¡ME LA CRUJAS!
Es su forma diplomática de decirte que te ha pillao en el renuncio y te va a meter una morterá de golpes que vas a salir dando botes.
Jugar con él exige más silencio que en una notaría; como te oiga hablar una miaja mientras hace el backswing, te fulmina con la mirada y te deja más frío que un café en la Alameda.
LA FÁBRICA DE AMIGOS
Ha convertido el club en su cortijo particular: gimnasio con el pegador de la pradera, sus tostadas de rigor y luego al campo a fabricar amigos… o a desplumarlos, según se tercie.
Porque después de la batalla en el campo, a Paco lo que le gusta es la tertulia, arreglar el mundo y recordar que, aunque empezara tarde en esto, en el arte de vivir y de ganar en el último suspiro, no hay quien le tosa.
Porque entre tanto pique, tanta tarjeta y tanto ¡me la crujas!, hay una cosa que Paco hace mejor que jugar recto: hacerse de querer.
De esos tipos con los que empiezas compartiendo partida y terminas compartiendo mesa, tostada y media vida del club.
Nota para navegantes: si vas a jugar con Paco, lleva el hándicap en regla, la boca cerrada y los zapatos lejos de su línea de putt. Avisao estás.
















