Hay personas que dejan huella. Y luego está el hombre de los cuatro nombres, Antonio José Vicente Alfonso, que ha dejado huella, surco y hasta marcas de buggy.
Este 1 de junio de 2026 no es un lunes cualquiera. Es el día en el que Antonio cuelga oficialmente el silbato de Marshall, el ordenador de las reservas y ese nombre tan largo que ocupa más espacio que algunas tarjetas de resultados. Tras 11 años al pie del cañón, la leyenda de los cuatro nombres se nos jubila.
Y qué queréis que os digamos… nos deja el cuerpo más torcido que un tripateo de medio metro en el último hoyo de un torneo.
El hombre polivalente: Un ejército de un solo hombre
A Antonio lo nombras en el club y es como hablar de la climatización o del hoyo 1: siempre estaba ahí. Este hombre ha sido más polivalente que una navaja suiza.
Que llegan unos guiris hablando un inglés más cerrado que el búnker del 2?
Antonio les organiza tarjetas, salidas y buggies sin despeinarse.
¿Que la partida de la mañana va más lenta que una tortuga coja?
Allá va Antonio con el carrito de Marshall.
¿Que la máquina del campo de prácticas se ha quedado sin bolas?
Allá que va Antonio a recargar.
Y por si fuera poco, en los grandes torneos te saca el plano bueno y te hace un reportaje fotográfico digno de la revista Hola.
A veces daba la sensación de que había tres o cuatro Antonios repartidos por el club. Y todos trabajando.
Sus compañeros de fatigas nos lo han soplado: Antonio no tiene la palabra «NO» en su vocabulario. Es incapaz. Le pides que te busque una bola en mitad de la selva y te la encuentra con una sonrisa de oreja a oreja. Es más bueno que una cerveza helada después de 18 hoyos en agosto y tiene más paciencia que el Santo Job.
El vicio de la Peraleja: Golf con luces de cruce
Pocos saben que Antonio, además de ser lo más salao del club, fue también nada menos que handicap 2.1. Y nos han llegado historias de su época en la Peraleja que demuestran que lo suyo no es vocación, ¡es que tiene más vicio con el golf que una tomatera en pleno julio!
Cuentan las malas lenguas (y las buenas también) que el tío terminaba su jornada laboral reventado de trabajar el campo, ¿y qué hacía? ¿irse a casa a ver la novela? ¡ni hablar! Se iba al campo de prácticas a seguir dándole a la bola. Como allí no había focos ni leches, el amigo arrancaba su coche, ponía las luces largas apuntando al fairway y se liaba a pegar cañonazos en mitad de la noche murciana.
Te lo cuentan y te crees que es una película de Spielberg, pero no, era Antonio en estado puro. Aquello no era un campo de prácticas, aquello era el aeropuerto de Corvera en maniobras nocturnas. Los conejos de la zona todavía siguen preguntándose qué demonios aterrizaba allí todas las noches.
El azote del «Zurdo del Crepúsculo»
Ya aquí, en su casa de Altorreal, con los deberes hechos y focos de verdad, Antonio ha seguido demostrando quién manda.
Es el único espécimen humano sobre la faz de la tierra que ha sido capaz de echarle la pata encima al mismísimo «Zurdo del Crepúsculo» (este) .
Mientras el campo cerraba sus puertas, Antonio se quedaba allí, puliendo el juego largo y logrando «acostar» al zurdo a base de golpes perfectos bajo la luna.
Un duelo de titanes que ya querría retransmitir Movistar Golf.
Una retirada a lo grande: ¡Te esperamos en el tee del 1!
Sin menospreciar al resto de la plantilla del club, que sabemos que todos son profesionales de diez y unos zagales excelentes, de Altorreal se nos va el más grande.
Nos da una pena tremenda y te vamos a echar de menos cada vez que crucemos la puerta del caddie máster. Pero a la vez nos alegramos un capazo. Te has ganado esta nueva etapa de jubilado a pulso, sudando la camiseta y regalando buen rollo durante más de una década. Te mereces descansar, pasear y, sobre todo, disfrutar.
Pero ojo…
Que no piense que se va a librar tan fácilmente. Ya no vale eso de: «Es que estoy de turno«, ni «Ahora no puedo salir«, ni «Tengo que atender unas reservas«. Nada de eso.
Ahora te queremos ver vestido de corto, con la bolsa al hombro y en el tee del 1.
Porque las leyendas de Altorreal no se jubilan: simplemente cambian el uniforme por un polo y salen a jugar.
NOTA DE LA REDACCIÓN
De parte de todos los socios, de los jugadores, de tus compañeros y de esta humilde redacción:
Gracias por estos 11 años, Antonio. Por tu trabajo, por tu paciencia, por tu ayuda y por tu forma de entender este club.
Disfruta de la jubilación, maestro. Y recuerda: las puertas del Caddie Master se cierran para ti… pero las del tee del 1 acaban de abrirse de nuevo de par en par.














