Si ves a Bruce Willis por Altorreal, tranquilo. No es un rodaje. Es Ricardo Tejera.
Madrileño de cuna pero murciano de adopción desde hace 22 años, este John McClane de la Huerta tiene un hándicap serio con el sol… y otro todavía más peligroso con las apuestas.
El “Cajero Automático” del finde
Ricardo es el alma de la partida de Lorenzo, sobre todo porque es un auténtico “desprendío”. Los sábados paga la cervecica con su pincho y los domingos en la partida del jamón reparte Titleist Pro V1 como si las financiara el Banco Central Europeo.
Ha dejado la tienda del club más vacía que la nevera de un estudiante en agosto. El zagalico compra cajas por palés para que sus colegas tengan los cajones rebosantes de bolas nuevas a su costa.
Porque, según nos cuentan fuentes cercanas a la tragedia, últimamente no gana ni a las chapas.
Sus amigos ya no saben si invitarlo a jugar o abrirle una línea de crédito.
Estilista de élite y “Yippee-ki-yay”
Pero cuidado, que además de patrocinador oficial de la partida, Ricardo es también el comisario de la moda en Altorreal.
Tiene una obsesión que lo consume por dentro: las trabillas del cinturón.
Como te vea una suelta, se desconcentra más que un tío pateando líneas ajenas como si estuviera diseñando la M-30.
Nuestro Bruce Willis entra en cortocircuito.
Es capaz de dejar el buggy atravesado en mitad del fairway, acercarse muy serio y abrocharte el cinturón como si fuera tu tatarabuelo antes de ir a misa.
Y lo peor es que lo hace convencido de que te está salvando la vida.
Porque en el fondo sus amigos lo tienen claro: Ricardo es un padrazo y un tío excelente, de esos que cuidan de su gente. Aunque sea recolocándote el pantalón en mitad del hoyo 7.
Peligro entre matorralicos
Eso sí, detrás del estilista de campo hay un tipo duro.
En el hoyo 4, a la derecha, se metió en la jungla a rescatar una bola (porque perder una Pro V1 le duele más que un socket en el tee del 1) y salió de allí con una rajá en la calva que parecía el final de una película de acción.
Aquello no fue un rough.
Aquello fue Vietnam.
Una rama le pegó un hachazo digno de Hollywood y desde entonces media partida le insiste cada domingo: “¡Ricardo, ponte gorra o directamente un casco de obra, copón!”
Porque entre el sol murciano y las excursiones a los matorrales, el hombre va a acabar con el melón como un green recién «pinchao».
El «Boss» de ADIMUR
Pero no todo es perder bolas.
Donde Ricardo se pone la vitola de líder es organizando el Torneo ADIMUR de Murcia. Aquí, en su casa, en Altorreal.
Por estas fechas ya anda como un loco buscando patrocinadores (tiembla, tejido empresarial murciano).
Organizar este tinglado es más difícil que meter un putt de 20 metros con los ojos cerrados: que si este quiere salir antes, que si el otro pide participar… Pero él le pone todo el ímpetu y el cariño del mundo.
Su gran orgullo, y su obsesión de este año, es consolidar la categoría de damas. El año pasado, en la segunda edición del torneo, ya consiguió liar a 17 valientes mujeres para que jugaran, y este año quiere romper el récord.
Es un romántico del golf: lo pasa mal con los dolores de cabeza de la organización, pero cuando ve el campo lleno, se le pasa todo.
El Momento Místico
Aunque nuestro McClane de Altorreal parezca un tipo duro, en el hoyo 9 se pone tierno.
Se gira, mira el atardecer rojizo sobre Altorreal y se queda embobado unos segundos, como un poeta de barra de bar.
Entonces suspira y dice: «Qué bonico está el cielo, qué orgulloso estoy del torneo de ADIMUR, pero me cago en el Cali, a ver si este domingo pierde bolas otro, copón.”
Y ahí vuelve el verdadero Ricardo.
Nota de la redacción
Toda esta información ha sido facilitada por fuentes absolutamente fiables:
Los cabroncetes de sus colegas, que están encantados de que Ricardo siga siendo su «patrocinador» oficial, su sastre de confianza y el mejor director de torneos de la Región de Murcia.















