Si vas por el Hoyo 1 de Altorreal y escuchas a un tío negociando un contrato en Milán con más labia que un vendedor de la FICA y, acto seguido, pega un cañonazo que parte la calle en dos, no busques más: has encontrado a Pepe López.
Pepe es el único socio capaz de soltar un «¡Arrivederci, zagales!» justo antes del impacto y dejar la bola más centrada que el monumento a Salzillo.
Dicen las malas lenguas que Pepe no hace un swing, hace una transferencia internacional con rotación de hombros. Su técnica es única: le pega a la bola y, con la inercia del golpe (o las ganas de llegar a la siguiente antena de telefonía), da un paso o dos hacia adelante como si fuera a salir corriendo detrás de la exportación.
Es el «emboscado» más carismático del club. Te recibe con una sonrisa de oreja a oreja —que parece que se ha comido un kilo de paparajotes— y te pregunta por la familia con más clase que un hidalgo. Pero ¡cuidaico!, que mientras te tiene «engañao» hablando de logística en inglés o italiano, se marca cuatro birdies y un eagle como quien no quiere la cosa.

¿Su hándicap real? Más escondido que el tesoro del Tío Pencho. ¿Su plan de datos? Tan infinito como su puntería.
Más peligroso con batería al 1% que tú con driver nuevo
Al Marshall ya no le preocupa que el juego sea lento; le da miedo que, como a Pepe se le acabe la batería o la cobertura, se le descentre el paso y se líe la de Mazarrón. Así que, si le ves con el teléfono pegao a la oreja, no te fíes ni un pelo, que es cuando más peligro tiene.
¡Cuidado con el tío Pepe, que te cierra una venta en Roma y te gana el hoyo antes de que puedas decir «¡Acho, pijo!»!
















