Agosto 2026. Cómo sobrevivir al calor, al monte y a nuestra propia tarjeta
Ha llegado agosto a Altorreal y el campo presenta su estampa habitual de verano: menos socios, más tranquilidad y un Lorenzo que, a partir de ciertas horas, cae con más mala leche que una bola enchufada en un búnker.
Muchos han cambiado temporalmente los palos por la playa, la piscina o el aire acondicionado. Otros han decidido que el golf puede esperar hasta septiembre. Y después están los de siempre: los que miran la previsión, ven 38 grados y piensan:
—Bueno… pero a primera hora se está bien.
Para todos esos valientes, insensatos o enamorados del golf, que cada uno elija su categoría, la redacción de Altorreal Daily ha elaborado los diez mandamientos imprescindibles para sobrevivir al verano en nuestro campo.
1. MADRUGARÁS SOBRE TODAS LAS COSAS
En agosto, salir a primera hora no es una preferencia. Es una medida preventiva.
La primera salida es a las 07:30, cuando todavía hay quien llega con la almohada marcada en la cara, el café sin terminar y la esperanza de acabar antes de que el sol empiece a repartir collejas.
A esa hora nunca suelen faltar el grupo de Manolo, el del pelo blanco, y Lorenzo, dos de los fijos que ya están preparados mientras otros todavía están negociando con el despertador.
Ellos saben que en verano hay dos tipos de golfistas: los que madrugan y los que, en el hoyo siete, empiezan a preguntarse qué necesidad tenían de jugar ese día.
2. NO TOMARÁS EL NOMBRE DEL CALOR EN VANO
Siempre aparece alguien en el tee del uno diciendo:
—Hoy corre un airecico muy bueno.
Ese airecico suele desaparecer en cuanto se da la primera salida.
También está quien asegura que en Murcia ese calor es normal, que él ha jugado con más temperatura y que con una gorra y agua va sobrado.
A ese mismo golfista lo encuentras unos hoyos después con la camisa pegada al cuerpo, caminando sin hablar y mirando cada árbol como si fuera un oasis en el desierto.
Porque una cosa es ser murciano y otra ir por el campo como un pollo al horno.
3. SANTIFICARÁS LA BOTELLA DE AGUA
En verano, llevar agua no es opcional. Es tan importante como llevar bolas, tees o una explicación preparada para justificar la tarjeta.
Hay jugadores que salen con una botella pequeña para cuatro horas de recorrido y encima beben dos tragos para que les dure. Eso no es hidratarse. Eso es administrar una sequía.
Agua, alguna bebida con sales y algo ligero para comer deberían formar parte del equipo básico.
La cerveza de después es una recompensa excelente, pero no cuenta como hidratación deportiva, por mucho que alguno la pida con limón y diga que así lleva vitamina C.
4. HONRARÁS A LA GORRA Y A LA CREMA SOLAR
La crema solar no es solo para la playa y la gorra no está únicamente para tapar el pelo despeinado.
En Altorreal se puede distinguir fácilmente al jugador que se ha puesto crema del que no. El primero termina la partida cansado. El segundo acaba con el brazo del guante blanco, el otro rojo y el cuello marcado como una bandera de señalización.
Hay quien se aplica crema antes de salir y quien aprende la lección esa misma noche, cuando entra en la ducha y pega un respingo que se escucha desde la casa club.
En verano, más vale parecer recién enlucido que terminar como un tomate de Mazarrón.
5. NO DESAFIARÁS AL MEDIODÍA… SIN BUGGY
Jugar a las doce o a la una puede parecer una idea estupenda: el campo está vacío, no hay esperas y puedes avanzar rápido.
Claro que está vacío. Hasta las lagartijas están buscando sombra.
A esas horas todavía salen unos pocos valientes, aunque la mayoría lo hacen en buggy, que una cosa es tener afición y otra recorrerse Altorreal andando con el Lorenzo cayendo a plomo.
Desde el buggy todo parece más llevadero: se avanza rápido, se transporta agua suficiente y siempre se puede aparcar estratégicamente debajo de un árbol. El problema llega cuando mandas la bola al otro extremo de la calle y tienes que abandonar el vehículo con aire de explorador para ir a buscarla.
Siempre aparece alguno que asegura:
—Con el buggy no hace tanto calor.
—No, hombre, no. Lo que ocurre es que entre golpe y golpe vas motorizado.
A mediodía, el objetivo ya no es solo hacer par. También consiste en aparcar bien, caminar lo justo y no dejar el buggy cincuenta metros atrás cuando descubres que llevabas el palo equivocado.
Porque en verano hay jugadores de golf… y jugadores de golf con aire acondicionado imaginario.
6. NO CULPARÁS AL CALOR DE TODOS TUS GOLPES
El calor influye en el cansancio, la concentración y la paciencia, pero no es responsable de todos nuestros males.
No tiene la culpa de ese slice que te acompaña desde Semana Santa. Tampoco ha empujado el putt fuera del hoyo ni ha mandado el hierro a la calle de al lado.
El verano permite alguna excusa, pero hay que usarla con conocimiento.
Si pegas una salida mala en el hoyo uno, puede ser falta de calentamiento. Si fallas en el diez, puede ser cansancio. Si llevas fallando desde enero, eso ya no es meteorología.
Eso es tu swing, zagal.
7. NO BUSCARÁS UNA BOLA COMO SI CONTUVIERA UNA HERENCIA
Hay golfistas que pierden una bola y se meten a buscarla con la intensidad de una operación de rescate.
Apartan ramas, levantan piedras y recorren el monte mientras repiten:
—Tiene que estar por aquí, que la he visto caer.
Que se lo pregunten al Pegador de la Pradera, especialista habitual en conocer parajes de Altorreal que no aparecen ni en el plano del campo.
Eso sí, con este calor ya no le hacen tanta gracia los paseos por el monte. En invierno todavía puede convertir la búsqueda en una excursión. En agosto, después de dos minutos entre matojos, empieza a valorar seriamente si aquella bola merecía tanto cariño.
Hay un momento en la vida de todo golfista en el que debe elegir entre recuperar una bola o conservar la dignidad y las constantes vitales.
Y, criatura, por tres euros tampoco hace falta organizar una batida.
8. RESPETARÁS LA SOMBRA AJENA
Por suerte, en Altorreal hay sombras en muchos hoyos. El problema es que, cuando aprieta el sol, todos las localizan al mismo tiempo.
En cuanto uno de los jugadores se prepara para golpear, el resto inicia una especie de camino de peregrinación hacia el árbol más cercano.
Se desplazan en fila, lentamente, con sus carros y sus botellas, como si estuvieran cumpliendo una promesa.
El jugador que tiene el turno se queda solo junto a la bola, mientras sus compañeros lo observan desde veinte metros, refugiados bajo una sombra y dándole indicaciones que nadie ha solicitado.
—¡Apunta un poco más a la izquierda!
Es muy fácil dar consejos cuando uno está fresco debajo de un pino y el otro se está derritiendo encima de la calle.
9. ACEPTARÁS QUE EL BOGEY PUEDE SER UN GRAN RESULTADO
Los objetivos de una partida de verano van cambiando con el paso de los hoyos.
En el tee del uno quieres bajar hándicap.
En el hoyo seis te conformas con mantener la tarjeta.
En el doce ya solo quieres terminar sin perder más bolas.
Y en el dieciocho consideras una victoria recordar dónde has dejado el coche.
Con calor, un bogey peleado puede saber a birdie. Un par parece un eagle y acabar sin discutir con tu swing merece premio especial.
Como decimos por aquí: ande yo fresco, ríase la tarjeta.
10. DISFRUTARÁS DEL GOLF INCLUSO EN AGOSTO
No todo el mundo huye del campo durante el verano.
Unos pocos valientes del grupo de John Towers reservan casi todas las tardes, cuando el resto de socios ya está pensando en la cena o directamente se ha rendido ante el aire acondicionado.
Y nuestro mítico zurdo del crepúsculo continúa fiel a su tradición de cerrar el club. Cuando los demás están recogiendo, él todavía aparece por el recorrido buscando los últimos minutos de luz, como si el golf nocturno estuviera a punto de convertirse en modalidad olímpica.
Ahí sigue, empeñado en demostrar que una vuelta no termina hasta que no se pone el sol, se apagan las luces o alguien le recuerda que el personal también quiere irse a su casa.
Porque agosto también tiene su encanto.
El campo está más tranquilo, las partidas avanzan con rapidez y las primeras horas de la mañana ofrecen momentos magníficos. También están esas tardes en las que baja algo la temperatura, corre una ligera brisa y parece que, por fin, el verano concede una tregua.
El golfista se queja del calor, del viento, del rough, de los greenes y de la mala suerte. Dice que no volverá a jugar hasta septiembre y que no merece la pena sufrir de esa manera.
Pero pasan dos días, mira las reservas y vuelve a pensar:
—Mañana parece que refresca un poco.
Treinta y seis grados.
Una miaja menos.
Y para el campo otra vez.
Desde Altorreal Daily deseamos un feliz agosto a todos los socios: a los madrugadores, a los golfistas del atardecer, a los peregrinos de la sombra y a quienes han decidido guardar los palos hasta que pase la calina.
Nos vemos en el campo.
Preferiblemente antes de las diez.















