José Luis y Puri. Puri y José Luis. No se puede entender nuestro club sin este matrimonio, que es, a la vez, lo más tierno y lo más peligroso que te puedes echar a la cara en un campo de golf.
Llevan casados más tiempo que algunos olivos de Altorreal, cero divorcios oficiales, pero según las malas lenguas, acumulan ya unas 85.540 amenazas de separación firme entre el búnker y el green.
El approach más importante de su vida
Cuentan las fuentes, esas que nunca fallan en el hoyo 19, que José Luis intentó engatusarla con su mejor cara de galán de película. Se acercó a ella como quien pega driver en Altorreal (fuerte y sin saber muy bien dónde va a acabar la cosa) y le soltó: “Rubia… ¿te enseño a coger el grip?”.
La respuesta de Puri salió más recta que un hierro 7 de José Luis: “No, te voy a enseñar yo por dónde te lo tienes que meter…”.
Y José Luis quedó prendado para siempre.
Desde entonces son inseparables. Siempre van junticos, como Willy y la abeja Maya sobrevolando las verdes praderas de Altorreal.
Eso sí, la “ayuda” mutua es constante. Es un no parar de consejos cariñosos del estilo: “¡Dale más fuerte, José Luis, que parece que no has almorzao” o el clásico “Puri, tan baja no, ¡que la cagamos!”.
El Camino de Santiago… versión stableford
Nos cuentan en la redacción que José Luis y Puri vienen al club andando desde Molina.
Cada mañana suben por la carretera del Chorrico como dos penitentes del stableford, avanzando bajo el sol murciano con más fe que agua, como los peregrinos llegando a Santiago, solo que en vez de conchas llevan polos de golf y en vez de bastón, un híbrido.
Se dice que, si madrugas lo suficiente, puedes verlos avanzando a lo lejos entre la bruma mañanera, como una aparición mariana.
Hay socios que aseguran haberlos visto salir de Molina un martes y llegar al tee del 1 el jueves siguiente, perfectamente peinados, listos para hacer 18 hoyos, y aún con fuerzas para discutir si el putt era por dentro o por fuera.
Más queridos que un birdie en el hoyo 6
Jugar con ellos es diversión asegurada… y también una lección de precisión. José Luis es de los que dejan siempre la bola en el sitio exacto. Hay rumores fundados de que las líneas de la Avenida del Golf las pintó él, porque va más recto que una vara de medir.
Pero, sobre todo, es imposible no cogerles cariño. José Luis y Puri son de esas parejas que ya forman parte del paisaje de Altorreal, como las palmeras, los buggies cruzándose sin mirar o el viento traicionero del 14. Siempre tienen una broma preparada, una discusión táctica en marcha o una frase capaz de provocar la risa de la partida entera. Porque más allá de birdies, hándicaps y putts fallados, son pura alegría de la huerta murciana con zapatos de golf.
Si os los cruzáis por el club, no dudéis en saludarlos, son gente de la buena.
Una pareja con solera, mucho arte y la paciencia justa para no acabar a palos… de golf… cada fin de semana.
¡Que nos duren muchos años así!















