Si alguna vez te cruzas con un tipo que te sonríe como si saliera en un anuncio de colonia mientras te está escaneando el alma (y el stance), no lo pienses más, te has cruzado Javier de Lope.
Ojito, que detrás de esa cara de “niño bien” hay más peligro que un nublao en romería.
El atrapamontes del golf
Leyenda del golf murciano donde los haya, de la gran estirpe de los de Lope, querido en el club por todos, Javi no da clases… Javi te doma.
Te suelta, con esa calma suya: «El golf se enseña con alegría, pijo, que para sufrir ya está Hacienda.»
Y tú piensas: “Qué tío más majo”.
Error.
Como digas “Vengo a probar”, te remata con: «Hasta dentro de cinco años no sales del huevo.»
Y ahí ya estás perdido. Formas parte del corral.
Ya no sales de Altorreal ni con grúa. Eres suyo. Zagacho oficial.
Bricomanía versión Guantánamo
Lo suyo no son clases, es ingeniería del swing.
Te mira dos segundos, como si te estuviera revisando la renta, y sentencia: “Esto está fatal”.
Y saca el kit:
Toalla en los sobacos → modo robot oxidado
Cuerdas en las piernas → costalero en Semana Santa
Posturitas raras → Jesucristo versión golf
Sales de allí hecho un muñeco de trapo.
Pero él te dice: “Ya está arreglao”
Y tú te vas dando las gracias.
Eso ya es brujería.
El psicólogo del handicap 36
En el campo de prácticas aquello parece terapia de grupo.
Que si el slice, que si no duermo, que si la bola me odia y mi mujer dice que ya no soy el mismo.
Javi escucha en silencio, como un chamán del golf murciano. Suelta dos frases mirando al horizonte… y te vuelves a casa abrazando los hierros como si fueran tus hijos.
La Asociación de Psicólogos de Murcia no sabe si darlo de alta en la Seguridad Social o abrirle consulta fija en la caseta del campo de prácticas.
Ojico cuando se calienta
Eso sí, Javi es un señor, fino y educado.
Pero como le veas la vena del cuello asomar… búscate un búnker y métete dentro.
Que debajo del perfume hay un murciano con carácter, como tiene que ser.
En resumen: un genio, un manipulador del swing… y de la mente.
Nos tiene a todos de polluelos intentando salir del huevo, aunque sea atados con cuerdas y con una toalla hasta en la oreja.
¡Grande Javi! ¡Pero afloja, pijo, que no somos muebles del IKEA!
















